Tres Minutos y un Par de Calcetines

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por Emily Rose Barr, Mar 06, 2019

Este pasado Noviembre, conduciendo de camino a mi casa, llegue al cruce de siempre donde una mujer sin techo esperaba con un cartel pidiendo ayuda. La había visto varias veces, pero siempre me había detenido justo antes de darle algo. En esta ocasión, saque mi cartera y le entregue las monedas que tenía, que sumaban unos 15 céntimos.

Mientras le entregaba las monedas y revisaba los compartimentos del coche para ver si tenía más cambio, le pedí perdón por no tener nada más que darle. En lugar de expresar desilusión o agitación, me dio las gracias sinceramente. Me dijo que no importaba si eran unos céntimos o unos euros, que cada poquito ayudaba.

Durante nuestro encuentro, comentó que sus pies le dolían. Era evidente que no me estaba pidiendo nada, simplemente quería que alguien le escuchara. Así que eso mismo hice.

Al marcharme, volví a pensar en los momentos que habíamos pasado juntas y me sentí regenerada y profundamente viva. Ella sacudió la cabeza sorprendida de este gesto tan sencillo, y yo sacudí mi cabeza, sorprendida de su humilde gratitud. Inmediatamente quise darle un par de zapatos nuevos, pero al darme cuenta de que esto no sería viable, se me ocurrió la idea de darle unos calcetines gordos.

Lo pensé un poco más y me di cuenta de que ella no sería la única persona luchando para mantenerse protegida este invierno, y seguramente no sería la única persona cuyos pies dolían.

Unos días más tarde, envié un email a mis amigos y familiares para compartir el hecho de que estaría llevando a cabo una recogida de calcetines. Coloqué un cartel en el trabajo diciendo lo mismo y también informe a los vecinos. Preparé unas bolsas para la recolecta y espere que a llegaran poco a poco los calcetines, y gradualmente, empezaron a hacerlo.

En el transcurso de 8 semanas, había recogido 84 pares de calcetines gruesos y ocho pares de guantes. Observe con una gran sonrisa las dos bolsas llenas que ocupaban mi armario y le informe a mi entusiasta cachorrito de que no, desafortunadamente no eran para ella.

La mayoría de los que donaban no tenían ni idea del encuentro que había precipitado mi colecta. Algunos donaron hasta 20 pares de calcetines. Muchos tenían estampado, otros eran lisos. Dos pares tenían un lazo.

Con el paso de los días, mientras bajaba la temperatura dejé de ver a la mujer sin techo en el cruce en el que normalmente esperaba. Espero que se encuentre bien y abrigada, con un sitio en el que descansar. Tengo guardado un par de calcetines en mi coche para cuando la vuelva a ver, y espero poder hablarle del regalo que ella ayudo a proporcionar a muchos otros en situaciones similares.

Aunque no nos demos cuenta, nuestros pequeños gestos se acumulan. Para aquellos que realmente lo necesitan, una simpática sonrisa y nuestra atención pueden ser muy valiosas. Para aquellos que tienen todo lo que necesitan, esto sigue siendo cierto.

Sean las que sean nuestras circunstancias, cada uno de nosotros tiene la capacidad de dar y de recibir: un mensaje considerado, una comida casera, una buena risa, un amanecer. Sean 15 céntimos o 15 euros, nuestra riqueza material no tiene porqué definir nuestro potencial o el cambio que producimos en el mundo.

En lugar de simplemente ‘ser más’ este año, procura ser más con menos. ¿Cómo puedes dar con energía más de tu ser autentico y menos de tu ser abrumado o cansado? ¿Cómo puedes compartir más tus talentos y menos lo que percibes como tus carencias?

Quizá te lleve una conversación o varias. No sabemos dónde llevará un sencillo ‘Gracias’ o el impacto que podría tener un ‘¿Cómo estás?’ considerado. Para. Conecta. Empieza dónde estás.

 

Emily Rose Barr es voluntaria de DailyGood y artista creativa que encuentra alegría en las pequeñas cosas. Graduada en Ciencias Sociales, le encanta conectar con desconocidas y compartir sus historias. Cuando no está sirviendo detrás de un ordenador suele estar paseando, leyendo, probando buenos postres o jugando con su perrito. Puedes leer más historias y obras de Emily en su blog: ilyrose.org.    

 

Texto original.

Traducción de nuestro equipo de voluntari@s de ServiceSpace.

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